Dentro de los distintos tipos de hostings que hay, veamos usando el compartido, un caso práctico de cómo elegirlo y la contratación.

Esta opción es la más básica pero seguramente la que más interesa porque a parte de ser una de las más económicas, en un buen proveedor de hosting, suele aguantar bastante tráfico, además las diferentes opciones que te brindan te dejan elegir, por ejemplo, en si quieres solo un dominio, que sería el plan más básico, o si quieres varios con un plan superior. Al decantarnos por un hosting u otro, dentro del mismo nos ofrecen varios paquetes según las necesidades que precises y, normalmente en el caso de que te quedes corto con el paquete elegido siempre puedes actualizar y cambiar a un paquete superior.

Cuando te decides por el paquete, el proveedor te pedirá si quieres un nuevo dominio o si ya tienes uno creado para exportarlo. En el caso de uno nuevo, a la vez que tu pones el que deseas, te pondrá si está disponible o las opciones variadas que tendrías en caso de que no lo estuviera. Una vez tienes el dominio, repasarías que el paquete elegido es el que quieres y el ciclio de facturación de este, osea, puedes elegir la manera de pago. Estas empresas tienen la táctica generalmente de, cuanto más tiempo reservas menor es el importe, te hacen descuentos en base al tiempo que elijas. Puedes pagar cada mes, cada tres, cada año o incluso 24 o 36 meses.

Luego necesitarás un usuario propio y una contraseña para poder acceder al soporte y la información para la facturación. Te pedirán algunos datos sobre tu cuenta como si quieres usarla a nivel personal o de empresa, podrás contratar servicios adicionales por lo general, como de protección de datos, un servicio que detecte vulnerabilidades que puedan atacar a tu web (recomandable, sobre todo si la web es de comercio), también hay servicios de ayuda asistida especial para tu web, que te ayuda con tutoriales iniciales por ejemplo.

Con estos datos básicos y el registro ya tienes todo listo para crear tu cuenta y empezar a trabajar.